Explorando el desierto alrededor de Atar: segunda etapa

En nuestro GPS se apreciaba la estructura de ER Richat y nosotros (la flecha azul) nos aproximábamos a su centro.

Después de las emociones y los agradables días pasados en el oasis del Beyedh, tocaba enfrentarse a una de las etapas que sabíamos que sería dura. La pista sale del oasis atravesando un erg (zona de dunas) para, inmediatamente encarar la fuerte subida de la pared que lo rodea. El camino, habitualmente recorrido por vehículos 4×4 pequeños es estrecho para la vía de nuestros camiones, lo que hace que nuestras ruedas pisen siempre fuera de la superficie más lisa. En la subida hay dos tramos de no más de 150 metros cada uno que debíamos recorrer muy despacio además de alguna curva que, si bien para la mayoría no presentaba problemas, los vehículos más largos tuvieron que maniobrar.

Casi dos horas nos tomó poner todos los camiones en la parte alta del jebel (montaña en árabe y terminología utilizada en la zona) a pesar de que desde el momento de la salida no habíamos rodado más de ocho o diez kilómetros.

En una segunda etapa llegamos al centro del conocido como Ojo de África. Es una formación geológica sorprendente, solamente apreciable desde gran altura, sobre la que hay un gran debate relativo a su formación. A mí, me parece como el resultado de una burbuja de material incandescente que hubiera brotado desde el interior de la tierra. Podéis juzgar vosotros mismos a la vista de las imágenes de satélite.

En el centro del “ojo” pasamos dos días acampados y haciendo alguna excursión a pie por la zona, visitando alguna familia nómada que se encontraba por allí y contemplando fantásticas vistas del entorno.

En un par de jornadas más, la segunda de la cuales se hizo sobre un mar de arena sobre el que resultó muy divertida la conducción, llegamos a Ouadane.

Ouadane, declarado patrimonio de la Humanidad desde 1973, fue un importante centro de paso de las caravanas que cruzaban el Sahara cargadas con sal y oro, fundado en 1147.

Hoy no quedan más que ruinas que se van estabilizando poco a poco con la ayuda de Cooperación Española, aunque la ciudad parece haberse desarrollado algo en los últimos años, apareciendo tímidamente algunas infraestructuras y probablemente un aumento de población.

Pasamos dos días, disfrutando de buenas comidas, agua abundante e incluso algún simpático espectáculo folclórico.

Y, por supuesto, preparando la etapa que nos llevará a Chinguetti a través de ciento seis kilómetros sobre las dunas…

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