Explorando el desierto alrededor de Atar: primera etapa

Con origen y final en la ciudad de Atar, se puede hacer un recorrido de unos quinientos kilómetros a través de magníficos parajes del desierto sahariano. Se trata, por supuesto, de una ruta off road, que presenta algunos tramos de cierta dificultad sobre todo para camiones, pero que, precisamente por ello, al interés paisajístico hay que añadir el de la conducción para los aficionados a este tipo de actividad.

Para reseñar la aventura en nuestra web, hemos dividido el recorrido en tres secciones que se completaron en dieciséis días. Un periplo realmente tranquilo, disfrutando de bonitas acampadas.

La primera etapa, que describimos en este post, arranca en Atar y llega hasta el oasis de El Beyedh y se realiza por un camino muy variado que presenta desde pasos montañosos (Djebel, montaña en árabe), impresionantes Erg o zona de dunas y una divertida (sobre todo para los conductores) travesía de un lago seco (ocasionalmente) o Chott que permite velocidades muy altas.

Particularmente estéticas son las zonas de dunas, al abrigo de las que hicimos varias de las acampadas e incluso nos arriesgamos a hacer un recorrido con nuestras bicis para aproximarnos a una de las más bonitas.

Es una sensación difícil de describir la que tuvimos al llegar al oasis de El Beyedh. Para mi era mi cuarta vez y pude reencontrarme dieciocho años después con Yeslem, el jefe del oasis, a quien conozco desde el año 2001 y con quien estuve por última vez en 2008. Me recordaba perfectamente, nombre incluido y resultó un reencuentro particularmente emotivo.

Desde el oasis, en un corto recorrido pasamos por las rocas con grabados prehistóricos descubiertos por Théodore Monod, un arqueólogo francés que, con la ayuda de Yeslem, anduvo por aquí a mediados del pasado siglo y sacó a la luz muchas obras prehistóricas interesantes. La presencia en los grabados de jirafas  y otros animales propios de la selva nos informa de que esta zona no siempre fue un desierto.

Pasamos dos noches acampados al fondo de un bonito valle en el límite del oasis que fue el punto de partida para llegar a pie hasta una guelta (laguna en un rincón montañoso del desierto) en la que almorzamos ante la inverosímil bajada de un pastor y su rebaño por una pared casi vertical para abrevar las cabras y lavarse él.

Éste último y tranquilo día en el oasis sirvió de preparación para afrontar la siguiente etapa que se presentaba con algunas dificultades que, aunque conocidas, nos causaban cierta inquietud.

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