Entrando en Brasil

Acortamos la estancia en Puerto Maldonado debido a las
precarias condiciones del lodge y emprendimos camino hacia la frontera de
Iñapari, a donde llegamos al atardecer. Las calles se habían convertido en
pistas de patinaje debido a una tormenta tropical y alguien nos indicó que en
la plaza había buenos aparcamientos, seguros y sin barro. Allí acampamos una
noche muy tranquila y por la mañana temprano pasamos la frontera. La entrada en
Brasil resultó muy sencilla y rápida y comenzamos a rodar por carreteras brasileñas
bastante destrozadas. Poco antes de la hora de comer vimos una indicación que
llevaba a un lugar llamado Posada Cachoeira y como sabíamos que cachoeira
quiere decir cascada tomamos la pista que estaba solo regular para hacer los 16
kilómetros que nos separaban del lugar. A los pocos kilómetros tuvimos nuestra
primera experiencia con dos puentes de madera, que sin embargo estaban en buen
estado y presentaban resistencia sobrada. De esta manera llegamos al lugar y
aunque no había cascada se trataba de una especie de reserva con caminos y
guías habilitados para hacer trekking 
por la selva. En el momento de apartar una rama de un árbol que impedía
cerrar una puerta de la cabina, molesté sin querer a  las avispas de un avispero cercano y salí del
ataque con tres soberbios picotazos, pero feliz porque podían haber sido muchos
más. Pasamos allí la noche y por la mañana, acompañados de Nelson, un guía con
bastante cuento, hicimos una caminata por la zona, viendo sobre todo especies
vegetales, pero también algunos reptiles y bonitas mariposas. Después de comer
emprendimos la aventura del retorno por la pista empapada debido a una fuerte
tormenta. Todo fue bien durante mucho trecho, pero como yo me temía la única
cuesta importante no se dejo subir a la primera y el camión cayó a la cuneta.
Hubo que bajar marcha atrás con las ruedas de la izquierda dentro de la cuneta
hasta que en una zona de menor profundidad un volantazo violento nos puso sobre
el camino. El segundo intento, ahora con las ruedas de la derecha metidas en un
profundo surco en el centro de la pista nos permitió remontar no sin fuertes
bandazos.
Unos pocos kilómetros nos llevaron a Xapuri un agradable
pueblo en el que pasamos el resto de la tarde y la noche.
Salimos en la mañana siguiente hasta Río Branco a donde
llegamos poco después de comer a la sombra de unos árboles en un pueblecito al
lado de la carretera.
El asunto de acoplar nuestro camión para conocer un poco de
la ciudad, resultó un problema y al final tuvimos que resignarnos a aparcar en
un estacionamiento para camiones.
En un taxi y ya de noche a causa del calor fuimos a cenar al
centro de la ciudad que resultó agradable sin más.
En dos días recorrimos la distancia que nos separaba de
Porto Velho y una vez allí, repetición de los problemas para acampar.
Encontramos a un chico joven que hablaba español por haber pasado algunos años
en España y él con su hijo pequeño en su coche nos llevó a buscar un sitio. Al
final nos quedamos en una gasolinera dentro de la ciudad que como era de esperar
resultó muy ruidosa.
La ciudad no tiene nada que ver y tras algunas compras
retomamos la marcha a día siguiente y fuimos rodando tranquilamente durante
varios días, acampando por las noches en las proximidades de los restaurantes
de carretera hasta que el aire acondicionado del camión se averió, lo que unido
a los 33 grados y una humedad del 80% nos puso las cosas bastante difíciles.
Hicimos una parada en un pueblo que se llama Pimenta Bueno y allí nos
rellenaron el circuito de gas lo que solucionó el problema, pero solamente para
esa tarde ya que al día siguiente cuando intentamos ponerlo en marcha, de nuevo
se había vaciado. Llegamos a tope de calor otro pueblo que se llama Novo
Lacerda y allí, en otro taller comprobamos que el control de calidad Man no es
tan bueno como pensamos: la tapa trasera del compresor que jamás había sido
desmontada ni tocada por nadie, tenía la rosca de entrada del tubo de gas
completamente destrozada. Por suerte, tras romper dos tapas, consiguieron
colocarnos una que se acoplaba bastante bien aunque fue necesario reformar los
dos tubos de entrada. Cargamos gas y hasta ahora todo va bien.

Ahora estamos en Cáceres con un calor insoportable, pero
hemos conseguido que nos dejen entrar en el jardín de un hotel con piscina,
wifi y luz y vamos a estar un par de noches aquí reponiendo fuerzas, lavando la ropa
y poniéndonos al día con el blog.

Taxi peruano.

Iñapari en la frontera con Brasil.

Autobús brasileño.
El avispero al que molesté.

Lianas.             Por la selva.

                     Este árbol sangra cuando lo cortas.
Más lianas.

El hogar de un insecto.      Pero podría ser un consolador Yanomami. 
                                                                                                            El árbol es una ceiba espectacular 

La frase no es del amigo Jokin. La dijo D. Francisco de Orellana al llegar a la Amazonia: ¡Aquí hay que venir con camión!

Brasil, Brasil, na, na, na naaa…

No hay WiFi que se le resista.

Rio Branco

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