Recorriendo Uruguay

Desde la partida del camping en
el que pasamos el Fin de Año, hicimos varias jornadas por la costa de Uruguay.
Aguas Dulces, un intento frustrado de visita al Parque de Cabo Polonio que no
nos apeteció hacer al entender que era obligatorio visitarlo en uno de los camiones
4×4 que hacen el servicio aunque probablemente fuera un mal entendido ya que
después nos han comentado en varias ocasiones que nos tenían que dejar pasar, y
una agradable estancia de dos días al pie de una duna que nos separaba de una
magnífica playa al lado de La Esmerada, por la que paseamos en varias ocasiones
e incluso nos bañamos, para terminar en el Parque Nacional Santa Teresa. Una
original fórmula de Parque regentado por el ejército en la que se reúnen un
museo, la fortaleza de Santa Teresa , cuatro playas, interesantes visitas a un
invernadero y otras instalaciones junto con tiendas en las que aprovisionarse y
dos inmensas zonas de acampada muy agradables hacen de este Parque un ejemplo a
seguir en muchos lugares.
Allí, en una pradera  y a la sombra de preciosas palmeras situamos
el camión, que movíamos todos los días, dada la magnitud el parque y la
posibilidad de llegar con el vehículo a todas sus zonas. También hicimos algún
paseo a pie por los caminos más próximos al lugar de acampada.
Tengo que mencionar la cortesía,
la amabilidad y la simpatía de los uruguayos. Al poco tiempo de instalar
nuestro camión, todos nuestros vecinos de acampada ya se habían ofrecido para
lo que necesitáramos. La compañía y la charla con familia de Eduardo (por
discreción no mencionaré más nombres) nos proporcionó agradabilísimos ratos
de  charla. Nos invitaron a cenar una de
las noches, pusieron su coche a nuestra disposición para ir a comprar sin mover
el camión y una larga lista de atenciones que realmente nos hizo sentir al
marchar que dejábamos unos amigos de mucho tiempo. Los veremos en Montevideo a
la vuelta de nuestro viaje a casa.
Igualmente otra familia acampada
cerca se prodigó en amabilidades con nosotros llegando a ofrecernos un lugar
para dejar el camión durante nuestra estancia en España.
Muy interesante la visita de la
fortaleza de Santa Teresa que, construida por los españoles para defender la
frontera con el Brasil portugués, cambió de manos muchas veces en sucesivas
tomas y reconquistas. Todas estas vicisitudes están muy bien descritas en la
propia fortaleza y tratadas, a nuestro entender, con una absoluta objetividad
muy de agradecer. La huella de España está muy presente, aún se conservan
preciosos tarros de botica de cerámica de Talavera, antiguas armas españolas,
uniformes y muchas otras cosas de origen español.
Tras una emotiva despedida de
nuestros nuevos amigos, visitamos la cercana Laguna Negra en donde pasamos una
tranquila noche en un bonito paraje.
De nuevo en marcha, una parada en
la ciudad fronteriza de Chuy para hacer unas compras ora en lado uruguayo, ora
en lado brasilero y parada para comer y visitar la fortaleza de San Miguel, que
como la de Santa Teresa está perfectamente restaurada y alberga un museo en el
que igualmente los objetos originarios de España son expuestos.
Terminada la visita
apresuradamente a causa de un intenso chaparrón, un desplazamiento no muy largo
nos lleva a Lascano en donde hicimos noche en una pradera a las afueras del pueblo.
Al día siguiente una pasada por
la ciudad de Treinta Y Tres para alguna compra y tras veinticinco kilómetros de
pista en buen estado llegamos al Parque de la Quebrada de los Cuervos en donde
pasamos dos noches e hicimos la visita de la quebrada. Es un bonito lugar en el
que hay muchos pájaros de todos los colores y otros animales.
Algo más de doscientos kilómetros
de carretera que empezó aceptable y terminó como una tortura hasta Tacuarembó
en donde pasamos una primera noche en un camping municipal situado en un
precioso entrono. A la mañana siguiente un paseo por la ciudad que, según la
partida de nacimiento que conserva el museo a su nombre, es el lugar de
nacimiento de Carlos Gardel.
Después de la visita, un corto
desplazamiento hasta un lugar que Eduardo nos había recomendado: el hotel y
museo Ford City.
Se trata de un complejo que reúne
un precioso hotel, un buen restaurante y un museo en el que, entre otras
antigüedades, se conserva una magnífica colección de coches del mítico modelo T
de Ford. Su dueño, Eduardo, planea ir acondicionando el museo como una ciudad
de época y va incorporando artículos y construyendo los edificios para obtener
el resultado deseado, que llegará sin duda, gracias a la gran ilusión que pone
en el empeño.
Con una gran amabilidad nos
permitió estacionar el camión allí para hacer la visita y pasar la noche no sin
antes disfrutar de una gran cena en el restaurante.
Aún a riesgo de repetirme, tengo
que resaltar de nuevo la impresionante hospitalidad de los uruguayos. Informado
de que nuestra siguiente etapa sería una ciudad llamada San Gregorio de
Polanco, marca un número en su teléfono móvil y habla con su amigo Sergio, alcalde
de dicha población y le dice que unos amigos españoles van para allá con un
camión impresionante recibiendo la respuesta que cabría esperar en este país.

De la recepción por parte de
Sergio y demás alegrías de nuestra estancia en San Gregorio de Polanco
escribiré en mi próxima entrega.

                      

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