Acampados a ciento cincuenta metros del Partenón en Atenas.

Después de pasar algunos apuros por las calles del centro por las que nuestro navegador nos hizo circular y una vez constatado que el aparcamiento gratuito que habíamos elegido no era posible a causa de su inclinación, fuimos a pie a ver otra posibilidad, ésta de pago, prácticamente en la entrada de la Acrópolis. A pesar de que el aparcamiento estaba lleno, el chaval que lo organizaba nos dijo que no habría problema, que trajéramos el camión y el nos buscaba un buen sitio. Así lo hicimos y efectivamente nos situó inmediatamente en una plaza que había reservado para nosotros. De esta forma, nos vimos con nuestra casa situada a 150 m en línea recta del Partenón que podíamos ver desde el interior de Ximielga y por un precio módico.

Pasamos allí tres noches y dos días y medio durante los que visitamos lo esencial de Atenas, y aún algunos lugares menos turísticos. Con salidas a pie, otras con los patinetes fuimos viendo la Acrópolis, el museo de la Acrópolis, el Ágora Romana y el Ágora antigua, etc. y también varios paseos por el agradable y concurrido barrio de Plaka y la famosa plaza Monastiraki.

En una agradable terraza de Plaka comimos bastante bien con anécdota incluida ya que el que parecía ser el dueño y aunque él lo mantuvo en secreto, estamos seguros de que era gallego. No le preguntamos para evitar que nos contestara ¿y ustedes para que quieren saberlo?

La realidad es que hablaba español sin acento y cuando se lo comentamos respondió: ”hay que saber de todo”. Luego en el interior, en una hornacina tenía una bandera de España y otra de Galicia…

No podía faltar el asistir al cambio de guardia de la plaza Sintagma, evento éste que nos es difícil clasificar ya que el debido respeto a la tradición de un país nos impide juzgar imparcialmente algo que, en valor absoluto, es un poco… uhmm, ¿extravagante?

Del resto solamente cabe decir que el esplendor que aun hoy en ruinas se puede apreciar, hace de esta ciudad uno de los lugares del mundo que hay que disfrutar. Cada estatua, cada edificio, cada fachada es por sí sola fascinante, pero incluida en el conjunto nos empuja a imaginar aquella ciudad en los buenos momentos, su gusto por la cultura y el arte e incluso por la buena vida. Cuando menos entre guerra y guerra, porque la verdad es que se pasaron la historia defendiéndose de todo tipo de invasiónes.

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