Una corta y muy agradable incursión en Venezuela

Todo el tiempo que pasamos en las Guayanas e incluso antes, barajamos la
posibilidad de entrar o no en Venezuela. Las informaciones que íbamos
recibiendo por el camino, tanto de gente que conocimos y que había estado allí
como de otros Overlanders que la hubieran atravesado, era como casi siempre son ese
tipo de informaciones, bastante contradictoria. En el recorrido por la pista “de
los asaltos” de Guyana nos cruzamos con una pareja francesa a bordo de un Iveco
 Daily con los que mantuvimos un breve intercambio
de información y nos comentaron que ellos venían de atravesar el país y no habían
tenido problemas. En todo caso, la zona sur, es decir, la Gran Sabana era un
territorio tranquilo. Con esta información decidimos hacer una corta entrada
por la zona sur hasta el parque nacional Canaima e intentar una visita al Salto
Ángel al que únicamente se llega en avioneta.
Unos engorrosos trámites de aduana para los que el preceptivo seguro del
camión nos costó dos días conseguir y estábamos rodando por la Bolivariana
república de la Bolivariana Venezuela con nuestros Bolivarianos papeles en
regla. Para compensar llenamos el tanque de combustible a 0,14 € el litro.
Tras pasar dos noches gratis en el aparcamiento de un hotel en Santa Elena
del Uairén, wifi incluida, tomamos la “troncal 10” que nos internaría en el
parque.
En uno de los múltiples campamentos que se encuentran a la orilla de esta
carretera que son gestionados por una etnia autóctona, los Pemón, muy bien por
cierto, observamos dos Toyotas con tiendas de techo. Convencidos d que se
trataba de viajeros europeos, nos detuvimos para comprobar que era un grupo de jóvenes venezolanos muy simpáticos que nos comentaron que es una actividad
muy extendida en su país. Acordamos pasar algunos días con ellos que iban a
rodar por la zona y nos harían de guías.
Visitamos la quebrada Jaspe con una preciosa catarata que discurre sobre
una enorme placa de esta piedra semipreciosa de un bonito color rojo. Nos
bañamos bajo el salto de agua en un lugar realmente precioso.
Después subimos por una pista regular hasta el pueblo pemón de Paraitepui
estacionando nuestros vehículos en un balcón natural a la vista del magnífico
cerro Roraima. Se trata de uno de los típicos tepuyes de la zona que son montañas
geológicamente muy particulares por tener sus paredes verticales, lo cual aísla
la fauna y la flora de su cima abrigando numerosos endemismos. El Roraima es el
más alto de Venezuela y triple frontera con Brasil y Guyana.
Pasamos allí dos simpáticas noches con nuestros nuevos amigos, probamos
(suficientemente bien) el ron venezolano Santa Teresa que está buenísimo y nos
desplazamos hasta el pueblo de San Francisco para visitar en primer lugar un
río precioso con una buena playa para bañarse y después el salto de la Cortina (así lo llamaban nuestros compañeros de viaje) en donde acampamos para visitarlo.
A nuestros amigos se les acababa el tiempo y en la mañana siguiente nos
despedimos.
Gracias a los hermanos David y Damián a sus novias Sacha y Maru y a sus
compañeras Gabriela y Oriana por unos días divertidos en su compañía. Esperamos
encontrarnos de nuevo en el camino.
Por nuestra parte, la posibilidad de volar al Salto Ángel se esfumó de
forma definitiva al constatar que el número de visitantes en esta época es muy
pequeño y en estas circunstancias es prohibitivo alquilar la avioneta para dos
personas solamente. Además nos informaron de que el propio salto tenía muy poca
agua y el espectáculo estaba bastante mermado.

Con este conocimiento pusimos rumbo a Brasil con el depósito de combustible
bien lleno para recorrer la última etapa por este país.
Lástima que la situación política no haga aconsejable conocer mejor este país que, en lo poco que vimos se mostró muy bonito.

2 comentarios de “Una corta y muy agradable incursión en Venezuela

  1. Anónimo dice:

    hola sra pilar y sr carlos como estan saludos desde venezuela… de verdad fue un placer conocerlos se me cuidan mucho un beso espero q vuelvan pronto….soy sasha

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