Ya hemos visitado Estambul

Por fin le llego el turno a Estambul, aunque antes de llegar el destino nos deparaba uno de los mayores sustos que hemos tenido en todos los kilómetros recorridos.

Estábamos en Yalova para tomar el ferry que nos evitaría rodar en el interior del propio Estambul al existir un área para campers justo enfrente del puerto de llegada, cuando nos dirigíamos a un lugar concreto para pasar la noche, uno de los muchos inconscientes que utilizan vehículos en este país, calculó mal el hueco que tenía para su moto y terminó con ella bajo la rueda delantera derecha del camión. Aunque la primera impresión al mirar los retrovisores fue realmente terrible, al final parece que algunos imbéciles tienen suerte y el accidente se saldó con un ligero raspón en una rodilla.

No obstante, el lío estaba montado. Vino una ambulancia, la policía y, en honor a la verdad hemos de decir que la actuación de los agentes fue impecable en el aspecto técnico y sobre todo en cuanto a cortesía. Todo acabó sin más historia, pero en nuestras cabezas quedan unos primeros instantes muy angustiosos.

Desembarcamos en una zona de la ciudad conocida como Yenicapi y, al otro lado de una autopista teníamos la zona de acampada que, además está situada a distancia adecuada para acceder andando a casi todas las principales visitas.

Cuatro noches y sus correspondientes tres días y medio fueron suficientes para conocer La mezquita Azul (desgraciadamente en obras), Santa Sofía, el Gran Bazar, el palacio Topkapi y sobre todo vagabundear por las calles de una ciudad que agobia bastante debido a las multitudes que la abarrotan. Unos buenos días a pesar del calor que todavía persistía, en los que hubo tiempo para casi todo, incluso una divertida velada con nuestros nuevos amigos que habíamos conocido en Assos y que viven en la ciudad.

Nos integramos también en el ambiente típicamente turco comiendo unos de los días en la zona de Eminönü un bocadillo de pescado con ensalada conocido como Balik Ezmek (pescado y pan) en una de las terrazas y en medio de un galimatías impresionante. Como anécdota, comentaremos que la parrilla en la que se asa el pescado está situada en un barco atracado al puerto. Desde allí lo pasan a otros empleados que lo sirven a los clientes que se sientan en pequeñas mesas para las que calculamos una densidad de cuatro personas sentadas por metro cuadrado, lo que, considerando los mínimos pasillos imprescindibles hace que llevarse la comida a la boca sea algo realmente difícil.

Toda una experiencia, sin embargo.

 

Nos despedimos con un crucero por el Bósforo para ver palacios, mezquitas, y las viviendas pegadas a las faldas de las colinas recordando a D. José de Espronceda:

Y ve el capitán pirata

cantando alegre en la popa

Asia a un lado, al otro Europa

y allá a su frente, Estambul.

video de la Visita a Estambul

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