Tres semanas largas peleando con arena, piedras y otros “placeres offroad” nos parecieron suficientes a todos y desde Atar decidimos tomar la ruta hacia Nouakchott, aunque no la más directa sino la que pasa por Tidjikja y allí se produjo la sorpresa: la carretera está total y perfectamente asfaltada.
Para mí, que hace algunos años seguí la pista que era una de las tradicionales “duras” del Rallye Dakar desde la carretera que une Atar con Chinguetti hasta Tidjikja, pasando por el precioso oasis de Rachid, encontrarme con que ahora (aunque siguiendo un recorrido muy diferente de la pista) se puede pasar por Rachid y llegar a la mencionada Tidjikja sin salir del asfalto constituye una gran sorpresa.
Después de unas cuantas bonitas y tranquilas acampadas en ruta y de repostar agua en Tidjikja llegamos a N´Beika, un caótico pueblo en el que arranca la pista que lleva hasta la Guelta de Matmata en donde sobreviven los últimos cocodrilos de Mauritania.
Un intento fallido de llegar hasta la laguna a causa de los árboles, sí, de los árboles en Mauritania, ¡increíble! Nos llevó a buscar en N´Beika un Toyota que nos llevara hasta la guelta. Tras arduas negociaciones conseguimos el precio y servicio que queríamos y temprano en la mañana arrancamos para hacer la excursión.
El coche no puede llegar hasta el lago y es necesario recorrer a pie algo más de un kilómetro por un espectacular cañón lleno de lagunas que, al estar en la arena y con el agua de un bonito color turquesa, proporcionan un paisaje muy espectacular.
Al llegar a la guelta descubrimos algunos de los reptiles en la orilla, aunque enseguida se internaron en el agua al escuchar ruido. Estuvimos un rato en silencio y empezaron a volver a la playa a tomar el sol y allí tuvimos ocasión de hacer las fotografías de unos bicho respetables a los que calculamos alrededor de dos metro y medio.
Acabada la visita hicimos unos cuantos kilómetros en dirección Nouakchott y nos detuvimos en un agradable valle para acampar y esperar la visita de toda la pandilla de amigos que tuvieron la gentileza de hacerse un montón de kilómetros par poder pasar una muy agradable velada con nosotros, además de aportar magníficos productos españoles a la barbacoa que preparamos, Gracias, amigos, por vuestra visita que resultó muy, muy agradable.
Esa fue la última etapa con parada antes de Nouakchott a donde llegamos en un par de días para reunirnos con Antonio, un español (gallego) que vive allí hace ya bastantes años y que nos ayudó en todo lo que necesitamos e incluso nos acompañó en una interesante visita al mercado de pescado de la ciudad que es realmente importante. Allí pudimos comprar marisco y pescado a precios realmente bajos y de la calidad ni hablar: prácticamente saliendo de la lancha del pescador estaban en nuestras manos.
Acabadas todas las compras y visitas en Nouakchott, salimos hacia la frontera con Senegal, a donde habíamos pensado entrar por el paso de Diama evitando el super corrupto puesto de Rosso.
Y con esto acabó nuestra estancia de casi tres meses en Mauritania. Un fantástico tiempo en un país realmente especial por su situación prácticamente al 100% en el Sahara.
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