Dejamos atrás el Sahara y entramos en Senegal

Dejamos atrás el desierto y entramos en Senegal. Ya, en los últimos kilómetros de Mauritania se empieza a notar un cambio sutil en el paisaje: la arena va cediendo terreno a zonas con más verde.

Pasamos el puente internacional de Diama (peaje a un precio desorbitado) y llegamos a Saint Louis, la primera ciudad de Senegal entrando desde Mauritania.

De nuevo, la estupidez oficial, nos hace obligatorio pasar tres noches en un camping, mientras nuestros documentos viajan a Dakar con el objeto de conseguir un salvoconducto que nos permita circular libremente por el país. Este documento, que en realidad es el maldito Carnet de Passage en Douane sellado, finalmente no sirve para nada. La parte que ellos se deben reservar (un tercio de la hoja) debidamente rellena, pasa directamente a un cajón sin ninguna inscripción, es decir, en algún tiempo irá a la basura, pero con este sistema, lo que se consigue es que la entrada al país sea una de las más caras del mundo.

Aprovechando la estancia en el camping, hicimos la visita de Saint Louis y al día siguiente en una canoa, un recorrido por el curioso Parque Nacional de La Langue de Brbarie.

San Luis podría ser una bonita ciudad colonial francesa que, incluso en algunos momentos nos recordó a Nueva Orleans (pedimos perdón por la injusta comparación), aunque el recuerdo se borraba enseguida ante la inmundicia de sus calles incluyendo malos olores, basura y caos por doquier.

En todo caso, ya hemos desarrollado una gran capacidad de “no ver” y lo que se puede ver, es ciertamente interesante.

En cuanto al Parque Nacional, se trata de una curiosa bahía limitada por el continente en su lado este y por una lengua de arena en sus otros tres lados en la que habitan miles de aves de muchas especies. Como ya comentábamos, un paseo en una canoa nos llevó a recorres casi todo su perímetro y disfrutar de la fotografía de fauna y de bonitos paisajes.

La siguiente etapa era el famoso Lac Rose, en donde durante décadas tuvo lugar el final anual del rallye Dakar. Para ver el agua de color rosa hay que poner un poco de imaginación, pero, no obstante nos ofreció una agradable acampade de tres días, con  paseos alrededor.

Y desde allí entramos en El Caos., así, con mayúsculas: Dakar.

Creo que solamente hemos sufrido mayores dosis de caos, atascos, imprudencias o más bien locuras en Nueva Delhi en la India.

Ante esta incomodidad y dado que ya habíamos hecho una visita al centro cuando el barco que nos llevaba a América hizo escala allí, decidimos reducir nuestra vista al interesante recorrido por la isla de Goré, lugar de partida hacia las Américas de cientos de miles de seres humanos reducidos a la esclavitud.

Aun hoy se pueden visitar las instalaciones en las que eran almacenados (esa es la palabra correcta) hasta el momento de atravesar “La puerta de no retorno” para ser embarcados en condiciones indescriptibles con rumbo a las plantaciones de caña, cacao y otros durísimos trabajos en el continente americano, viaje al que un alto porcentaje no sobrevivía.

Otro de esos lugares en los que avergonzarse de pertenecer a la especie homo sapiens.

Como casi siempre nos ocurre después de hacer este tipo de visitas, pensamos que debería ser obligatorio que los jóvenes conocieran en directo estos horrores de la historia que, sin embargo, aun se producen en nuestros días (En Mauritania, aunque oficialmente abolida en 1980, de facto, aun hay esclavitud), con la esperanza de que al verlos tan de cerca, decidan no repetiros en el futuro.

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