20.- Desde Copacabana hasta Cuzco. Entrando en Perú

Después de una agradable estancia en Copacabana y ya con
ganas de perder de vista los problemas de carreteras y combustible de pésima calidad de Bolivia iniciamos la jornada con el paso de la frontera que resultó sencillo y
razonablemente rápido. Con un alto para comer, a primera hora de la tarde
entrábamos en Puno en donde un repostaje de combustible en una estación de
servicio con pinta de estación de servicio, que aceptaba Visa y en la que regalaban
botellas de agua, refrescos y ¡papel higiénico! fue agradecido de inmediato por
nuestro camión, que comenzó a dar síntomas de mejoría
Sin problemas encontramos el hotel Posada del Inca que nos
habían recomendado unos colegas alemanes en La Paz. Muy agradable y con una
bonita pradera a orillas del Titicaca aunque algo caro.
En la mañana del día siguiente salimos con la intención de sacar
algo de dinero y hacer la excursión en barco hasta las islas flotantes de los
Uro. La operación de obtener dinero en los cajeros se presentó imposible. Con nuestras
tarjetas no funcionó ninguno. Como teníamos muy poco dinero, intentamos pagar
la excursión con la misma tarjeta y tras algunos intentos infructuosos supimos del dueño
de un restaurante situado en la bonita Plaza de Armas que organizaba las
excursiones y cobraba con tarjeta. Allí nos dirigimos, la Visa funcionó y reservamos dos plazas
para las cinco de la tarde. Mientras, paseando por Puno, comenzamos a ver mucho
movimiento de personas ataviadas con los trajes típicos, muchos militares,
música, etc.
Supimos que se trataba de una fiesta previa al carnaval que
incluía un homenaje a la bandera y pasamos la mañana muy entretenidos
observando en primera fila todo el festejo. Comimos en el restaurante de la
persona que nos organizó el tour, comida regional, muy barato y bueno, mientras
esperábamos el bus que nos llevaría la puerto.
Tras algunas vueltas a la cabeza decidimos probar con otra
de las tarjetas que llevábamos para lo que teníamos que averiguar el PIN. Una
llamada a Esther en España nos facilitó las cosas para obtener ese PIN y en
unos minutos ya teníamos dinero. ¡Genial! porque el problema era bastante
grave.
Aproximadamente a la hora convenida nos recogió el bus,
embarcamos y en 20 minutos llegábamos a la primera de las dos islas flotantes que
íbamos a visitar de las 75 que actualmente existen y que albergan a unas dos
mil personas. Los Uro, que es la etnia que las habita, decidieron irse a vivir
al lago, primero sobre embarcaciones y luego construyendo las islas flotantes,
para librarse del dominio que los Aymara ejercían sobre ellos en tierra firme.
Viven de lo que pescan y de la totora que es un junco que crece en el lago y que les
proporciona el material para construir sus islas, sus casas, sus embarcaciones
y como alimento.
Actualmente es el turismo su principal fuente de ingresos y
fuimos acogidos de forma muy agradable. Nos explicaron como viven, como pescan,
cual es su organización social y como construyen sus embarcaciones a las que
llaman totoras como el junco del que están hechas.
Hicimos la travesía entre la primera isla y la del mercado,
la otra que íbamos a visitar, en una de esas estéticas piraguas manejada por el
jefe de la isla, Aurelio y una mujer, Yolanda, que demostró que estaba bien fuerte.
Al día siguiente después de comer  y de hacer compras en un supermercado tomamos
rumbo hacia El Cuzco con un alto en Sillustani para visitar las torres
funerarias preincaicas. Un curioso yacimiento arqueológico bien señalizado que recorrí
yo solo ya que, a causa de la pronunciada pendiente y la altura de casi 4.000
metros, Pilar decidió quedarse en el camión.
Pasamos la noche en el altiplano por encima de los 4.000 m. y
a 2 grados de temperatura en el exterior y de nuevo en camino tras atravesar un
paso a 4.300 m. llegamos a Huaro en donde paramos a comer al lado de una iglesia
decorada en su interior con bonitos frescos que visitamos a continuación. Un
corto trayecto nos lleva a Andahualillas, que es el pueblo que alberga la que
llaman la capilla sixtina del arte indígena. Quizá el apelativo sea algo
exagerado, pero el interior pintado es realmente magnífico. Realizamos una
detenida visita y de nuevo en marcha para recorrer los escasos 40 km que
restaban hasta Cuzco.
La entrada y búsqueda del camping situado al lado de las ruinas
de Saqsayhuaman fue un caos.
Indicaciones equivocadas, calles que eran trial puro,
una amenaza de tormenta, etc nos hacen decidirnos por parar un taxi que nos guió
espléndidamente hasta las ruinas. Después de algunas preguntas conseguimos
llegar al terreno de camping y allí situamos nuestro camión para visitar Cuzco y sus alrededores.



Colocando la bandera del Perú al entrar.



Vista de Puno desde el campamento.

                                

                                         Puno en fiestas.

La catedral de Puno.    

Con Yolanda. La simpática Uro que nos dio la bienvenida a su isla. Yolanda y Aurelio reman hacia la isla del mercado.
 Probando el sabor de la totora.

El bonito acabado de una Totora.

 Sillustani. Estas construcciones son monumentos funerarios.

Realmente muy bonitos esta especie de ranchos en los alrededores de Sillustani.

La iglesia de Huaro.                                                                                         Portada de la iglesia de Andahuailillas.




Gracias al pueblo y las autoridades de Puno por este inesperado recibimiento:












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