El largo recorrido hasta Fortaleza

De vuelta a la costa recalamos por dos días en Maceió, una agradable ciudad
que visitamos sobre nuestros patinetes con un bonito recorrido por el
larguísimo paseo marítimo con un carril habilitado para bicicletas que nosotros
aprovechamos. El centro histórico está bastante abandonado y sucio e incluso se
hace muy difícil tomar una fotografía debido a la impresionante maraña de
cables eléctricos.
Muy agradable el paseo en una jangada, el tradicional barco de vela dela zona, hasta las piscinas naturales formadas en marea baja en los arrecifes de coral para bañarse entre peces de colores y disfrutar de una caipirinha helada (y cargadita) servida mientras te bañas.
Desde Maceió, varias jornadas por la costa, acampando en playas maravillosas
hasta llegar a Recife y Olinda. Las dos ciudades son prácticamente una, aunque
Olinda atesora más monumentos y mejor conservados estando incluida en la lista
del Patrimonio de la Humanidad.
Acampamos en un parque acuático con derecho a luz, agua, wifi y piscina situado
en el término de Olinda pero geográficamente entre las dos ciudades. El primer día visitamos
Recife que tristemente está muy sucio y descuidado. Aun así visitamos varias
iglesias, la antigua prisión convertida en mercado de artesanía, el típico (y
sucísimo) mercado de San José, el puente giratorio y otras curiosidades.
Al día siguiente realizamos la visita de Olinda que guarda algunos edificios
notables. Comenzamos por la catedral situada en el alto da Sé y que más que por el
propio edificio vale la pena por las bonitas vistas hacia el mar. La iglesia do
Carmo, el convento de Sâo Francisco la iglesia de Sâo Bento en la que
escuchamos a los frailes cantar Gregoriano y sobre todo un agradable paseo
recorriendo las callejuelas entre bonitas casitas pintadas de colores.
Un nuevo recorrido por la costa, durante el que, Jacumá, Pipa, Buzios, Maxaranguape (el
punto más oriental de América) nos proporcionaron preciosos entornos de playa para
acampar.
Mucho calor y tiempo inestable durante todo el recorrido con ratos de calor
sofocante seguidos de fuertes aguaceros.
Desde Maxaranguape rodamos por pistas próximas a la costa con tramos
en los que había que hacerlo por la playa, aparte de ofrecernos un poco de
chispa nos trajeron recuerdos de aquellas travesías por la playa, ya algo lejanas,  en Mauritania.
La última parte de este recorrido incluyó un precioso tramo sobre dunas de regular tamaño desde las que la vista
del mar era realmente inolvidable. Como inolvidable fue la comida de ese día.
En el pueblo que queda justo a la entrada de la playa, Sâo Bento do Sul,
compramos tres kilos largos de langostas por 39 reales, es decir unos 11 €, de
los que dimos buena cuenta en una parrillada memorable, seguida de un
espléndido baño en el mar. Un precioso día que ya estábamos necesitando para
romper la monotonía del asfalto.

Al día siguiente llegábamos a Fortaleza. Estamos a 3 grados de latitud sur
y eso se nota en las temperaturas.

¡Dale a tu cuerpo alegría con l’arena…! ¡Heeey, con l’arena!
¡Que tu cuerpo es para darle alegría y cosa buena!
Langosta, claro. Pero mucha, mucha langosta…
No rima, pero estaban de muerte.

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