¡Arrancamos tras la pausa!

 

Una escapada a España para celebrar la boda de Esther y en una semana
estamos de vuelta a Fortaleza con la intención de seguir nuestros planes.
Sin embargo, una vez más la política los va a alterar. A nuestra llegada al
aeropuerto de Fortaleza tenemos la primera noticia de que no va a ser posible
renovar el visado otros 90 días y que en ese momento nos quedan solamente 19
días de estancia legal en Brasil.
Según parece se trata de una represalia a las expulsiones realizadas por
España de brasileños en situación ilegal. Lo curioso es que, en mi opinión,  esas expulsiones eran en aplicación del
tratado de Schengen pero la represalia es únicamente contra los españoles.
Seguimos con el síndrome del Quijote..
Nosotros decidimos probar suerte en otro estado ya que tenemos noticias de
que Fortaleza y el estado del que es capital (Ceará) es “territorio comanche”
en esto de los visados.
Con este  asunto en la cabeza,
partimos con destino a la famosa zona de Jericoacoara a donde llegamos a la
hora de comer, instalándonos entre las dunas al lado del mar a las afueras del
pueblo de Preá. Bonito sitio con mucho calor.
Por la tarde entramos en la playa para recorrer los 12 km que nos separan
de Jericoacoara.
El recorrido, sobre las dunas que bordean la playa es muy bonito y da algo
de salsa al día.
Ya caída la tarde llegamos a Jericoacoara para encontrarnos algo que nos
temíamos: un montaje turístico de primer orden, con buenas ideas y otras cuyo
objetivo no es otro que ordeñar la “vaca turística” hasta valores
inverosímiles.
Pernoctamos a las afueras del pueblo, en pleno parque nacional, con visita
del guarda que, tras preguntarnos por nuestras intenciones y asegurarse de que
no íbamos a dejar rastro, nos deseo la bienvenida y las buenas noches.
Enhorabuena por la coherencia demostrada que no hemos encontrado
frecuentemente.
La salida de allí sobre las dunas dirección a Jijoca, se frustró al
explicarnos el propio guarda que tras el recorrido por dichas dunas había un  túnel de árboles imposible de esquivar bajo
el que nuestro camión no pasaba. Volvimos hacia Preá  e intentamos ir a Jijoca por una vía
diferente a la pista establecida. Un poco de navegación y algunas preguntas a
los lugareños nos hicieron disfrutar de un recorrido fuera de lo turístico que
resultó muy bonito.
Una vez en Jijoca encontramos un precioso lugar en la orilla de la Lagoa do
Paraiso en el que pasamos el resto del día y la noche.
Muy temprano por la mañana tomamos rumbo hacia el Parque Nacional de
Lençois Maranheses. Comida en ruta y llegada a Paulino Neves, donde comienza el
recorrido por las dunas a una buena hora para negociar un guía para el día
siguiente.
Llegamos a un acuerdo con un mototaxista para que a las 7 de la mañana del
día siguiente pasara por las afueras del pueblo en donde pensábamos pernoctar y
nos guiara hasta Barreirinhas a unos 30 km de allí.
No se presentó, por lo que decidimos hacerlo por nuestra cuenta.
Una primera parte de pista de arena por una llanura con las dunas al fondo
a través de un bonito paisaje, para entrar en uno de los recorridos más bonitos
que podemos recordar. Rodamos subiendo y bajando dunas no demasiado altas ni
empinadas haciendo los pasos por los valles por la orilla de increíbles lagunas
azules bordeadas por dunas de arena muy clara.
El recorrido lo tenía todo: Paisaje, arena, lagunas, colores, navegación.
Por fin disfrutábamos de un día como los que echábamos de menos.
En un paso estrecho entre un muro y los árboles, dos ramas muy gruesas
cortaban el camino. Sacamos nuestra tronzadora y con ayuda de unos vaqueros que
aparecieron por allí en sus caballos cortamos las dos ramas franqueando el
paso.
A partir de allí el camino se hizo plano, pero con una enorme cantidad de
arena que sin embargo no nos dio problemas.
A medio día, con un calor tórrido, llegamos a Barreirinhas. Un bonito
pueblo mucho más natural que Jericoacoara a pesar de no gozar de tanta fama.
Contratamos para el día siguiente un paseo en lancha por el río Preguiças
hasta su desembocadura y a las 8 y media de la mañana estábamos saliendo a
bordo de una fueraborda muy potente para una excursión de ocho horas.
Varias visitas durante el recorrido y un alto de tres horas en la
desembocadura durante el que pudimos bañarnos primero en el mar y después en el
río y comer en uno de los restaurantes instalados sobre la playa.
Una jornada muy bonita con final nuevamente en Barreirinhas para pernoctar.

 

Desde allí en algo más de dos días de ruta llegamos a Belém en donde
trataremos de prorrogar nuestro visado para salir hacia las Guayanas o en su
defecto subir el camión a una balsa con destino Manaos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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