Desde Belem hasta Guayana Francesa. La travesía en balsa del Amazonas

Dado que llegamos en sábado y no era posible hacer la gestión de la
policía, hicimos una primera visita para informarnos del barco hacia Manaos y
aprovechamos para hacer unos recorridos por la ciudad. No tiene mucho que ver y
únicamente cabe destacar el paseo que llaman de “Las Docas” que, a semejanza de
Lisboa  aprovecha los antiguos muelles de
carga del río para la instalación de bares, restaurantes y exposiciones. Está
muy agradable y con un fantástico aire acondicionado. Al lado se visita un
mercado famoso que se llama “ver o peso” y que es uno más. Interesante y muy
sucio.
El lunes a primera hora nos acercamos a las instalaciones de la policía
Federal en donde tuvimos poco éxito  pues  nos dijeron definitivamente que a los
españoles no se les prorroga el visado. La señora que nos atendió hizo los
cálculos y nos dio hasta el 29 de Agosto, por lo que decidimos hacer el
recorrido por las Guayanas.
El gerente de la gasolinera en la que pasamos  dos días nos informó de que una naviera del
mismo grupo que la estación de servicio salía esa misma tarde hacia Macapá con
una balsa de carga. Ya con el camión nos acercamos a la zona y tras comer y
cargar combustible y agua (las provisiones ya las habíamos acopiado por la
mañana) entramos en las instalaciones de la compañía. Arreglamos los trámites
y, aunque la primera noticia era que la balsa zarparía a las 17 horas, a las
19,30 no informan que no embarcaremos hasta las 22 y que no zarparía hasta el
día siguiente.
Efectivamente hacia la hora anunciada subimos el camión a la balsa pudiendo
situarlo de forma bastante conveniente para hacer vida en él, pero la balsa
zarpó ¡a las 22 h del día siguiente!
En fin una vez asimilado que los barcos de carga no tienen horarios nos
dedicamos a disfrutar del bonito e interesante recorrido de 72 horas por los
canales que son ramales del Amazonas hasta hacer la entrada en el majestuoso
brazo principal.
Las comidas las hicimos con la marinería. Muy bueno y abundante todo lo que
os dieron y muy serviciales y agradables dentro de la lógica rudeza todos los
tripulantes.
Aún pasaríamos la última noche en la balsa amarrados en el puerto, lo cual
nos vino bien, ya que al llegar de noche nos hubiéramos visto obligados a buscar
un sitio para acampar en unas circunstancias poco agradables.
Por la mañana, buscamos el Jeep Club de Macapá cuya referencia encontramos
en la aplicación Ioverlander.
Los encontramos celebrando el “Día de la Paz en el tráfico” en una esquina
de dos calles de la ciudad. Allí nos hicieron hueco para el camión y se lió una
buena. Fotos, visitas e incluso una señora que era alguna autoridad del
municipio participó en el evento.
Joao, el presidente del Club y todos los miembros que estaban allí nos
acogieron como siempre hemos sido acogidos en Brasil, llevándonos a una Facenda
(una finca a las afueras que el Club tiene cedida para su utilización) en donde
acampamos en una bonita zona con luz, agua y piscina a nuestra disposición.
Hasta pude ver el Gran Premio de Hungría en la televisión antes de comer el
domingo, comida a la que fuimos invitados.
Aun por la tarde, nos llevaron en su coche a dar una vuelta por la ciudad y
comer un helado.
No tenemos palabras para elogiar la acogida que nos brindaron. Gracias a todos
por dos días realmente fantásticos.
El lunes, nos proponíamos salir temprano, pero a las nueve de la mañana nos
habían citado los de la televisión local y vinieron a hacernos una entrevista.
Hasta las once de la mañana no arrancamos. Por una muy buena carretera
recorrimos la mitad de la distancia que separa Macapá de Oiapoque en la
frontera y nos quedamos a dormir en un pueblecito llamado Calçoene, en donde,
en una gasolinera que daba la risa, pudimos pagar con Visa y disfrutar de una
wifi muy rápida. Brasil está lleno de sorpresas.
Como la que nos esperaba a la mañana siguiente. Temprano partimos por una
carretera, que como el día anterior estaba perfecta. A los 40 ó 50 km, sin
ningún aviso, la carretera deja de estar asfaltada y entramos en un tramo de
110 km de tierra, agujeros, barro, agujeros, puentes de madera, agujeros,
agujeros y más agujeros que nos costaron 7 horas.

Con las últimas luces llegamos a Macapá realmente cansados y con un calor
tórrido.

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